Querían vivir Alicante desde dentro, pero a su manera.
La vivienda debía responder a esa dualidad: abierta, conectada con el pulso urbano, pero al mismo tiempo íntima, silenciosa, casi introspectiva. Un espacio donde el ruido de fuera se detiene.
La intervención parte de una idea clara: liberar la casa. Eliminar barreras, permitir que la luz y el aire circulen, y que el movimiento sea natural, continuo. Que habitarla no implique recorrer estancias, sino simplemente fluir a través de ellas.
En el corazón del proyecto aparece uno de los espacios más significativos: una terraza-patio interior. Un lugar que pertenece a la casa pero que, al mismo tiempo, introduce una pausa. Abierto cuando se busca conexión; contenido cuando se necesita recogimiento. Un espacio intermedio donde la vivienda respira de otra manera.
El diseño no se plantea como un gesto, sino como una forma de estar. Cada decisión —material, distribución, iluminación— busca generar equilibrio: entre lo urbano y lo doméstico, entre lo abierto y lo íntimo.
Desde el inicio, Vicky y Jacky confiaron plenamente en el proceso. Entendieron que transformar su vivienda no era solo una cuestión estética, sino una manera de construir su lugar en la ciudad. Nos entregaron las llaves con esa convicción, permitiéndonos desarrollar el proyecto con libertad y precisión.
Hoy, su casa es exactamente eso que buscaban: una puerta abierta a Alicante… y, al mismo tiempo, un refugio al que volver.